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Sacerdotes para la santidad de los sacerdotes

«La formación de los futuros sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, y la atención asidua, llevada a cabo durante toda la vida, con miras a su santificación personal en el ministerio y mediante la actualización constante de su dedicación pastoral lo considera la Iglesia como una de las tareas de máxima importancia para el futuro de la evangelización de la humanidad (PDV 2).

sacerdotes.jpgConscientes de la importancia de una sólida formación teológica y espiritual, los Discípulos de los Corazones de Jesús y María nos hemos dedicado con todo empeño a formarnos y queremos poner al servicio de la Iglesia los dones recibidos.

Comprendemos especialmente la necesidad de la formación de los sacerdotes, con los que compartimos el don de la sagrada ordenación.

Por ello los Discípulos de los Corazones de Jesús y María, desde la especificidad de nuestra vida religiosa, somos también sacerdotes para nuestros hermanos sacerdotes, ayudándoles en su ministerio y sosteniéndoles en su camino de santidad. Como enseña Juan Pablo II, «La vocación sacerdotal es esencialmente una llamada a la santidad, que nace del sacramento del Orden. La santidad es la intimidad con Dios, es imitación de Cristo, pobre, casto y  humilde; es amor sin reservas a las almas y donación a su verdadero bien; es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos, porque esta es la misión que Cristo le ha encomendado» (PDV 33).

Para todos los cristianos, sin excepciones, el radicalismo evangélico es una exigencia fundamental e irrenunciable. Esta misma exigencia se presenta a los sacerdotes. Ellos están llamados a vivir los consejos evangélicos «según el estilo el estilo, es más, según las finalidades y el significado original que nacen de la identidad propia del presbítero y la expresan» (PDV 27). Como religiosos podemos ayudar a los sacerdotes en el camino de la perfección evangélica conforme a su propia vocación.

Especialmente nuestra virginidad religiosa nos ayuda a iluminar el celibato sacerdotal como una llamada al amor total y exclusivo: «La Iglesia, como esposa de Jesucristo, desea ser amada por el sacerdote de modo total y exclusivo como Jesucristo, Cabeza y Esposo, la ha amado. Por eso el celibato sacerdotal es un don de sí mismo en y con Cristo a su Iglesia y expresa el servicio del sacerdote a la Iglesia en y con el Señor» (PDV 29).

Qué ofrecemos a nuestros hermanos sacerdotes:

  • Formación espiritual y teológica, tanto a seminaristas como a sacerdotes en la formación permanente
  • Dirección espiritual y predicación de Ejercicios Espirituales según el método de San Ignacio
  • Colaboración en la predicación de misiones, novenas, charlas cuaresmales… así como en el sacramento de la penitencia