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Sacerdotes para los matrimonios

 

Ayudar a los matrimonios a crecer en su propio camino de santidad conyugal y familiar es uno de nuestros principales apostolados. Como sacerdotes queremos estar cerca de los matrimonios, participando en su propia vida familiar, compartiendo sus preocupaciones, acompañando sus dolores y alegrías.

Los estudios en el Pontificio Instituto Juan Pablo II nos han ayudado a profundizar en la originalidad del matrimonio y comprender mejor su camino específico de santidad. De la mano de Juan Pablo II y Benedicto XVI aprendemos a descubrir la centralidad del amor humano. El hombre no puede vivir sin amor. El amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano.

matrimonio.jpgEl matrimonio es el camino ordinario de este amor conforme al plan originario de Dios que nos creó varón y mujer a su imagen y semejanza. En él el hombre y la mujer se entregan mutuamente en la totalidad de su ser corpóreo-espiritual, compartiendo una común amistad cuya base es el amor de Cristo a la Iglesia.

Ayudar a los esposos a enraizar su amor en Cristo, viviendo una profunda vida eucarística, es nuestra tarea como sacerdotes. El matrimonio, enriquecido con la gracia del sacramento, tiene una espiritualidad propia y específica y la peculiaridad de ser el sacramento de la mutua santificación de los esposos. Descubriendo que su amor humano es perfeccionado y elevado por el Espíritu Santo convirtiéndose en caridad conyugal, los esposos encuentran su propio camino de su santidad.

Este camino de santidad implica integrar en una unidad las diversas dimensiones de nuestra vida, tan a menudo fragmentada: la familia, el trabajo, el descanso, la oración. Para ello los esposos necesitarán prácticas que les ayuden a cuidar su propia relación como fundamento de su vida afectiva, a dar una dimensión de interioridad a su trabajo, a vivir en su propia paternidad el misterio de la Paternidad divina y ayudar a sus hijos a crecer en su vida humana y cristiana.

Qué ofrecemos a los matrimonios: