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Corazones de Jesús y María

 

Estampa2.jpgLa inspiración esencial de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María se haya en contemplar con la Virgen María el Misterio del Crucificado. En esta contemplación descubrimos el amor divino-humano del redentor. En cuanto amor divino, nos abre al misterio de amor de la Trinidad. En cuanto amor humano, es la perfecta respuesta de un hombre al amor de Dios. El Corazón de María aparece en relación al Corazón de Cristo como la perfecta respuesta de una persona humana al amor de Dios y su colaboración al misterio redentor.

1) El amor del Padre. El costado abierto de Cristo en la Cruz nos abre el misterio de su Corazón, que es la relación de amor del Padre y el Hijo.  La intimidad de Cristo es el Padre, por quien se sabe plenamente amado. En su corazón humano, Jesús es consciente y vive del modo más profundamente personal la comunión del eterno amor del Padre al Hijo en la Trinidad. Jesucristo es el Hijo que ama con todo su ser divino-humano al Padre. La caridad del Corazón de Cristo, su amor humano es la expresión humana de su relación con el Padre en el Espíritu Santo. El misterio de su interioridad, misterio de su corazón humano, nos hace remontarnos así al misterio de su Padre.

2) El amor redentor de Cristo. Cristo, por amor al Padre se entregó por nosotros y nos amó “hasta el extremo” (Jn 13,1). Esta decisión de la voluntad humana tiene su origen en el amor, en el corazón humano. En la pasión y muerte de Jesús se nos muestra la redención como obra de la voluntad humana de Cristo que se entrega en obediencia filial y de amor al Padre bajo la fuerza del Espíritu Santo. Esta entrega culmina en la Cruz. La sangre y agua que brotan de su costado son signo inequívoco de la totalidad de su entrega que nos muestra el amor de Dios Padre: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Unico” (Jn 3,16). En su muerte y resurrección Cristo “entregó su Espíritu”, abriendo así nuestra humanidad al don del Espíritu que nos hace hijos de Dios.

3) El Corazón Inmaculado de María. La primera en contemplar y participar del misterio de la Redención es María. Ella nos enseña a contemplar el misterio del Corazón de Cristo y entrar en él. Cristo nos la entrega como madre en la Cruz. Contemplando a Cristo el discípulo recibe con amor filial a María, la Madre de Jesús, como Madre suya. Ella le ayuda a escuchar con un corazón limpio y dócil la palabra de Jesús que le llama a seguirle más de cerca. Jesucristo inaugura la escuela en la que Él es el único Maestro, y en la que la enseñanza es El mismo. El discípulo aprende bajo la acción del Espíritu Santo y de la Virgen a configurarse con el misterio del Corazón del Redentor reproduciendo en sí mismo los sentimiento y actitudes del Señor de cara al Padre y a los hombres.