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Capilla del Espíritu Santo

Residencia Benedicto XVI Roma, Italia, 2007

 

ioanroma_01_es.jpgEntrando en la casa de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María en Roma en seguida uno se encuentra delante de una doble imagen y de una doble invitación: la inscripción esculpida en la puerta de la capilla lee: “DOMUS DEI PORTA COELI”, y el cuadro de la Anunciación que reproduce el famoso fresco del Beato Angélico; tanto la inscripción que recuerda la exclamación del Patriarca Jacob después de la visión en Betel como la imagen de la Anunciación, invitan a acercarse a la presencia divina con la misma actitud del patriarca y de la Virgen que recibe el anuncio.

La capilla dedicada al Espíritu Santo reúne cuatro escenas que manifiestan y sintetizan la acción del Espíritu Santo desde la creación del mundo hasta el fin de los tiempos: la Creación (pared occidental), el Paso del Mar Rojo (pared sur), el Bautismo del Señor (pared norte), la Cruz verdadero Árbol de la Vida (ábside).

ioanroma_02_es.jpgLa creación

El Espíritu que da la vida, enviado por las manos del Padre, vuela sobre las aguas de la creación y las convierte en aguas llenas de vida: en las olas que reflejan la luz dorada del Espíritu se entrevén los peces de varias formas y tamaños en movimiento. El soplo vivificante viene luego dado en forma nueva al hombre –varón y mujer– y soplado por la boca del Verbo divino que les bendice. La mirada de Verbo se vuelve hacia el hombre y dirige toda la creación hacia él para que reciba de él un nombre.



 

ioanroma_03_es.jpgEl paso del Mar Rojo

En el Paso del Mar Rojo de la Antigua Alianza el soplo de vida del Espíritu se transforma en viento fuerte que procede de la mano del Padre y abre un camino de vida a través de las aguas de la muerte. Moisés, representado en el centro del nuevo camino, indica con la mano izquierda hacia arriba –hacia el origen de la vida– mientras con la derecha que sujeta el bastón de madera (prefiguración del leño de la cruz del Señor) abre paso al Pueblo escogido hacia la Tierra Prometida (la montaña y el árbol verde). A la derecha (para quien mira) se nota a los egipcios que han escogido el camino de la muerte (el desierto con el árbol seco) y que se ahogan en el mar; se ven siete cabezas, simbolizando los siete pecados capitales, mientras que los demás egipcios que se entrevén simbolizan los pecados derivados de ellos. Al otro lado está el pueblo salvado, también como Moisés tienen la mano indicando hacia Dios, el autor de la vida.

 

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El Bautismo del Señor

En la escena del Bautismo del Señor en las aguas del Jordán, Cristo, el Nuevo Moisés está representado con las manos elevadas en oración hacia el Padre, quien les envía el Espíritu en forma de paloma. El mismo Espíritu manifestado como soplo de vida baja ahora sobre Jesús para ungirle para su misión redentora; el aceite de la consagración (representado en el fino contorno dorado alrededor de la cabeza y de los hombros de Jesús) penetra su humanidad y la dispone para la acción divina del Verbo encarnado (según la enseñanza de San Ireneo de Lyon). También las aguas del Jordán vienen tocadas por el aceite del Espíritu y se convierten en aguas de vida para todos los que reciben el bautismo y siguen a Jesús en el camino de su pasión y muerte (simbolizado por la bajada e inmersión en las aguas del Jordán) hacia la Resurrección (simbolizado con la salida del agua juntos con Jesús). Este gran misterio viene indicado por la mano del Bautista a los discípulos y es contemplado por los ángeles inclinados y con las manos veladas en signo de adoración.

ioanroma_05_es.jpgLa Cruz, verdadero Árbol de la Vida

La plenitud de la acción del Espíritu Santo se manifiesta en la Pentecostés, representada a través de la fecundidad del Árbol de la Cruz que es el verdadero Árbol de la Vida: el Espíritu, enviado por el Padre sobre el Hijo para cumplir el sacrificio redentor (representado como una luz dorada), hace brotar del Árbol de la cruz los sarmientos cargados de fruto, que son los santos arraigados en Cristo. Son ellos quienes anuncian en las cuatro partes del mundo la misericordia del Señor para con su Pueblo, la Iglesia: los cuatro vivientes a los lados del crismón indicando los cuatro evangelistas (en la parte superior del ábside), junto con los santos Pedro y Pablo y con cuatro doctores de la Iglesia – Agustín, Jerónimo, Máximo el Confesor y Justino el Mártir -, están representados cada uno con el libro o con el rollo de la enseñanza en las manos e indicando hacia Cristo como fuente de la Sabiduría (como indicado por las inscripciones que delimitan el registro inferior de la composición). Como fruto escogido del Árbol de la salvación está la Virgen María a los pies de la cruz. Es ella quien nos conduce hacia esta fuente de la vida, el corazón del Señor: en verdad, “el discípulo, al contemplar con María a Cristo crucificado, oye la voz del Maestro que le llama a ser uno con Él, consagrado por el Espíritu Santo en servicio a la Iglesia, y a vivir en el crucificado el misterio del corazón del Redentor, en el que se desvela el inmenso amor del Padre”.